domingo, 22 de mayo de 2011

EL NOVATO QUE DESEABA ESTAR EN LAS GRANDES LIGAS

Estaban en la mansión del gobernador de Illinois, reunidos los personajes que se decían adueñar el poder sobre la tierra, Multimillonarios banqueros, grandes empresarios, políticos e incluso artistas del espectáculo. Junto a ellos los que pertenecían al lado más oscuro de Chicago, aquellos procurando ser discretos, jamás se les podía tachar de mafiosos o criminales puesto que eran ellos mismos los ciudadanos que se decían honorables. No se reunían en torno a una mesa a discutir los principales problemas de la ciudad, esto simplemente era una reunión para que cada uno tratara su negocio porque todos en Chicago tenían negocio con todos, porque uno financiaba al otro formando así una cadena de costosos favores. Los mafiosos pagan a los políticos, los banqueros lavan el dinero de los mafiosos, los comerciantes reciben de estos sus cuantiosos prestamos. El negocio es bastante redondo. No obstante Brian Moran, el alcalde de la ciudad difunde su preocupación principal. El South Central crece de manera incontrolable, las pandillas locales se hacen más fuertes, los criminales ganan más poder, ese extraño ímpetu de violentos disturbios y saqueos conocido como "brote negro" que se especula es resultado de un virus amenaza con salir de los suburbios. Aquellos que han escuchado del problema del South Central que amenaza con expandirse a los barrios ricos prefieren no discutirlo puesto que el distrito donde toda la clase baja de América ha tenido que asinarse es el pilar de sus negocios infrahumanos. Alguna importante reportera habló del terrible comercio de niños que allí se practicaba a lo que muchos de ellos respondieron que lo mejor sería dejar que ese cáncer social se fuera destruyendo así mismo. "Hay males que se pueden aliviar pero que son imposibles de curar por cualquier medio. Es por eso que los Estados Unidos dejó de creer desde hace tiempo en la inversión social. Es el único gasto capaz de arruinar cualquier economía." apuntaba el gobernador Joseph Spitzer pero el alcalde Brian Moran estaba decidido a acabar con la plaga del South Central, esa guarida de afrodescendientes y latinos. Para convencer a todos los poderosos de Chicago el peligro que representa los suburbios Moran recurre a los reportes policiales de crímenes y asesinatos en esa tierra sin ley, pero nada parecía convencer a los poderosos preocupados solo por sus intereses. Sin sospecharlo hay alguien que podría favorecerlo. El hijo del gobernador quien ha estado solo en un umbral bebiendo champán a expensas del anfitrión le cuenta al alcalde lo que ha sucedido unas noches atrás sobre el altercado que tuvieron él y sus hombres con un afroamericano del South Central de nombre Salif. El joven se ha comprometido a ayudarle solo si Moran autoriza un escuadrón de fuerzas especiales para atrapar a su agresor. "Ese criminal quien pasa en la ciudad como un ciudadano decente está infectado por el brote. Su episodios de violencia por poco le cuesta la vida a mis hombres. Tengo pruebas de que Salif fue quien asesinó a esa bailarina del club, la misma que ustedes hallaron flotando en su departamento hace dos noches." Moran se ha comprometido a realizar una operación para capturar a Salif, con la petición que a Jacob Spitzer se le permita participar. El alcalde Aún no puede imaginar cual es la intención del hijo del gobernador para atrapar a Salif, lo cierto es que Jacob Spitzer tiene fama de ser un vividor y drogadicto. Sus escándalos son la comidilla de los diarios, su rebeldía y mal comportamiento lo han llevado a ocupar los estrados. Muy seguramente Jacob intentará mostrar a su padre que es hombre de valor,esto no vendría a saberse una vez que el escuadrón de la policía estuviera en el peligroso South Central para atrapar a Salif Meziane, de quien aseguraría Jacob, era el asesino de una bailarina exótica de nombre Cristal. Moran complacería los deseos del joven delfín. Varios camiones encubiertos entraron una noche al peligroso distrito, los vagos ebrios y drogados que se peleaban en medio de las llamas los miraron con recelo. En unos minutos estarían en el edificio de apartamentos de Salif y la sangre corría por la venas del joven Jacob que estaba ansioso por atrapar al negro. Los policías muy bien entrenados miraban expectantes, de repente los hombres que deambulaban por las calles, en ocasiones armados hasta los dientes se quedaron en silencio. El aire del caucho quemado y la gasolina se mezclaba con el miedo silencioso que comenzaba a caldearse en las frentes de los agentes. Cualquier cosa podría suceder esa noche. Hasta ahora nadie sabía que tan peligrosa era la extraña epidemia que azotaba los barrios miserables.